Capítulo Catorce: Así, de esa manera.

Aquella noche los chicos y yo habíamos quedado para cenar en un pequeño restaurante asiático del centro. El sitio es en si era una mierda, el típico restaurante japonés grasiento y de decoración espantosa, con un hilo musical de esos que se basa en una sucesión hortera de grandes éxitos de occidente reinterpretados a base de koto, shakuhachi y shamisens.
Algún día, cuando venga a cuento, os explico lo del curso de cultura asiática y lo del profesor japonés de 32 años que resultó ser la excepción que confirma la regla de que los asiáticos la tienen pequeña.

¿Por qué íbamos a esa mierda de restaurante japonés? Pues porque hace varios años –y cuando digo varios digo mogollón- aquel fue el restaurante en el que Hugo me citó cuando nos conocimos por el Bakala. Imagino que su intención era no tenerme mucho rato comiendo ahí y llevarme a su casa a follar como locos, pero al final resultó que nos caímos muy bien y a la media hora nos dimos cuenta de que polvos hay muchos pero gente con la que reírte de verdad no tanta.
Así que cuando Raúl hizo la llamada de emergencia de rigor (esa que te da la oportunidad de dejar tirado al tío con el que has quedado en caso de que no te guste, ya sabes) le invité a unirse a nosotros y de aquel horror de restaurante fuimos a La Penúltima y de ahí fuimos a la Metro… y el resto es historia.

Así que allí estábamos, sentadas en aquel extraño buffet libre giratorio japonés de nombre impronunciable y baños que sirvieron antaño de fuente de inspiración para un Resident Evil. Llevábamos unos tres cuartos de hora de charla y gracias a la aparición de mis dos vecinos en mi vida había podido evitar el tema que llevaba de hecho evitando dos semanas, lo de B.

- Yo sigo diciendo –oí decir a Raúl-. Que no sé qué coño hacemos aquí en vez de en tu casa, ayudando a tus vecinos a instalarse como Dios manda.
- Eso –dijo Hugo-. A la mierda el sushi, yo hoy quiero carne.
- Pues para querer carne te estás poniendo como una cerda comiendo pescado crudo, bonita –le contesté.
- A falta de pan… - contestó él.
- ¿FALTA DE PAN? –gritó Raúl (en este sitio no pasa nada porque gritemos porque lo único que hacen los dueños –que no estamos seguros de cual de los quince japoneses que hay por ahí es el dueño- es mirarnos y sonreír)-. ¡¡Pero si desde que descuajaringaste al camarero de Luigi que no paras de follar, meri!!
- Descuajada ¿qué? –pregunté yo.
- Descuajaringar –dijo Raúl.
- ¿Qué coño es eso? –dijo Hugo.
- Pues esto coño. Coges algo así –Raúl cogió un trozo de sushi con su tenedor (porque es incapaz de comer con palillos)- y lo meneas hasta que lo haces cachitos.
El sushi salió volando por toda la mesa en pedazos de arroz que se pegaron hasta en la chaqueta del pobre que teníamos sentado detrás.
- Eso significa descuajaringar.
- Gracias Don Camilo por su explicación –dije yo, sonriendo a los quince dueños que nos miraban sonrientes- y por el ejemplo práctico.
- Bueno, ¿entonces cuando vamos a ver a los vecinos esos tuyos? –preguntó Hugo.
- Echa el freno, madaleno –dije yo.
- Nena, no hables así. Que pareces sacado de Amar en Tiempos Revueltos –dijo Raúl.
- O de Física y Química, que es peor –dijo Hugo.
- No vais a venir a conocer a mis vecinos –y al ver sus caras de pena a lo gatito de Shrek o de niño al que le quitas su regalo de cumpleaños porque se ha portado mal y te lo llevas sabiendo que se lo vas a acabar devolviendo, corregí la frase -. Por ahora. Dadles un par de semanas que se instalen.
- Como las dos semanas sabáticas que te has tomado tú ¿no? –preguntó Raúl.
- Eso nena, dos semanas desaparecida –dijo Hugo.
- ¡No he estado desaparecida!
- ¡Anda que no! –dijo Raúl-. Si te perdiste el cumpleaños de la Omni y todo.
- Y dale con la Omni. ¡Que yo no iba a ir a la fiesta de cumpleaños de esa mamarracha! –exclamé.
- Pues no sabes lo que te perdiste nena. Unos chulazos… una de alcohol… una de drogas… -dijo Hugo.
- Pero si tú no te metes nada, maricón –dije yo.
- Que yo no me meta no significa que no aprecie que en una fiesta haya drogas para todos. Eso es ser un buen anfitrion, una persona que se preocupa por las necesidades de sus invitados –explicó Hugo.
- Claaaaaro, como la Preysler. ¿O qué te crees? ¿Qué en las recepciones del embajador sólo hay Ferrero Rocher? –dijo Raúl.
- Depende de dónde sea el embajador –dije yo.
- Bueno, no cambies de tema, cojones –dijo Raúl, en una extraña muestra de pueblerismo heterosexual que fue tan sorprendente que los dueños del restaurante volvieron a mirarnos sonriendo-. ¿Se puede saber por qué has estado dos semanas ahí perdida? He estado preocupada por ti ¿eh? La última vez que una de nosotras no dio señales de vida fue ésta –dijo señalando a Hugo- y ya sabes por qué y cómo acabó todo.
- Oye guapa –se quejó Hugo-. Que lo cuentas como si hubiera hecho yo algo malo.
- Bonita, no te pongas ahora a la defensiva que el argumento de esta historia ha cambiado y ahora ya no va sobre tu exnovio y tu exmejor amiga sino sobre la loca ésta –dijo señalándome- y sus Dos Semanas en el Tibet.
- Qué pesaditas estáis ¿eh? –dije yo, resoplando.
- Hombre tía –dijo Hugo- es que no es normal que tú estés desaparecida. Si ni siquiera cuando te da la Men-O-Pausia te pones así.
- Pero que no me pongo de ninguna manera –dije yo.
- Sí que te pones sí… y yo recuerdo la última vez que desapareciste un par de semanas y luego viniste haciéndote la digna -dijo Raúl.
- ¿Cuándo? –preguntó Hugo.
- Cuando le conoció –dijo Raúl.
- ¿A quién? – preguntó Hugo.
- A él –dijo Raúl.
- ¿A él? ¿A quién él? – preguntó Hugo.
- ¡HOSTIA PUTA TÍA! –grité yo (y sí, los dueños del restaurante nos miraron y sonrieron)- Díselo que me tienes hasta el coño con tu puto rollo de Jessica Fletcher. ¡Me puse así cuando conocí a mi ex, Alberto! Me tiré unas semanas de descanso sin hablar con nadie para aclararme las ideas y saber si estaba enamorándome de él o no y mira SÍ, lo ESTABA. Y AHORA ME PASA LO MISMO. ¿VALE? ¿ESTÁIS CONTENTAS YA? HALA, YA LO HE DICHO.
- Joder nena –dijo Raúl-. Qué huevos tienes. Si encima tendremos que pedirte perdón por ser tan críptica.
- Yo no soy críptica, bonita –le contesté-. Críptico es El Código Da Vinci. Yo soy UN SER HUMANO CON SENTIMIENTOS.
- ¡UN SER HUMANO DE LA SENSIBILIDAD, ERES TÚ! –me gritó Raúl.
- ¡¡DESAHOGÁ!! –le grité a Raúl.

A estas alturas de la conversación ya estábamos casi llorando de la risa y los dueños del restaurante (que sí, que no paraban de sonreír) no sabían donde meterse. Por suerte estaban acostumbrados a nuestro numeritos.

- Qué fuertes me parecéis ambos dos –dijo Hugo-. Te estás volviendo a enamorar.
- Eso creo, sí –dije yo.
- ¿Y de quién, meri? Porque que yo sepa la última persona de la que nos has hablado con la que ha habido algo fue…

Raúl y Hugo se miraron aterrorizados y gritaron a la vez:

- ¡¡¡LA PELIGROS!!! –y sí, lo has adivinado NO TIENE MÉRITO: los dueños del restaurante volvieron a mirarnos y a sonreír.
- No nenas no, La Peligros no.
- ¿La Peligros no? Entonces… ¿¿LA JENNY?? –preguntó Raúl.
- ¿QUÉ JENNY, TÍA? –pregunto Hugo.
- ¡LA PAVA DEL ASCENSOR!
- ¡TE HAS VUELTO HETERA! ¡Qué fuerrrrrrrrte! – dijo Hugo.
- No nenas, no me he vuelto heteras. Pero vamos a ver –dije yo-. Cuando yo os cuento mis cosas y tal ¿vosotras a qué prestáis atención?
- A lo que nos in-Teresa, claro –dijo Raúl.
- Yo la verdad es que la mitad de las cosas que dices pues no les hago ni puto caso porque es que hablas mucho tía –dijo Hugo.
- Vaya par de hijas de la gran puta que tengo como amigas.
- Hijas de bitch nena –me corrigió Hugo-. Hijas-de-bitch.
- A ver, cuando me pasó lo del ascensor y me encontré con La Peligros… ¿A dónde iba yo?
- A ver a tu madre –dijo Raúl.
- A casa de tu… ¿prima? –dijo Hugo.
- No nenas no. Iba a casa de B.
- ¿De quién? –preguntaron las dos a la vez.
- ¡De B, coño de B!
- ¿Y quién es B? –preguntó Hugo.
- ¡Ah calla! ¡Tu follamigo el del Grindr! –dijo Raúl.
- ¡Mira, te voy a dar un gallifante!
- Joder nena –dijo Raúl-. Es que mira que lo haces todo complicado. Te empeñas en liarnos. ¡Haber dicho lo del Follamigo y nos habríamos enterado a la primera! Que a todo lo que incluya “follar” sí que le prestamos atención.
- Pero meri –dijo Hugo-. ¿Te estás enamorando de un follamigo? Eso es una contradicción muy grande ¿eh? Un desafío a las leyes de la naturaleza que puede provocar un descuajaringuidimento de esos del universo.
- Tú tranquila, Stephen Hawkings, que no sé si me estoy enamorando… Eso es decir mucho. Yo sé que me gusta… como hacía mucho tiempo que no me gustaba alguien.
- Ten cuidado nena –dijo Raúl-. Que el amor… el amor… el amor llega así, de esa manera…
- Que uno no se da ni cuenta –continuó Hugo.
- Pues yo sí que me he dado cuenta. Y ahora no sé cómo decirle que me gusta, porque entre lo complicado que es quedar con él y que además está saliendo con La Peligros.
- De hecho, está entrando –dijo Hugo
- ¿Cómo que está entrando? –pregunto Raúl.
- Pues que está entrando por la puerta de este PUTO RESTAURANTE! –gritó Hugo, que era el único que miraba hacia la puerta del local.

Y los dueños del restaurante nos sonrieron y luego fueron a recibir a B y a La Peligros, que acababan de entrar en el puto japonés de los cojones.

Capítulo Trece: De repente, dos extraños. Y un jodido planeta.

Habían pasado dos semanas desde la escena del restaurante. Aquella escena funcionó un poco como mid-season de serie americana. O, lo que es lo mismo, cuando los guionistas se dan cuenta de que van por mal camino y finiquitan una trama de la peor forma posible para poder abrir una nueva etapa que salve los resultados de audiencia y no les cancelen.
Por suerte para mí, esto no es una serie americana. Por desgracia para mí, esto era mi vida y era real.

- ¿Y se puede saber por qué coño has estado así de desaparecida? – preguntaba Raúl, al otro lado del teléfono.
- No he estado desaparecido… - contesté yo. Mentí yo, más bien.

Claro que había estado desaparecido. La primera semana me la pasé intentando decidir por qué quería ver a B y si realmente quería decirle lo que quería decirle. Y la segunda semana la pasé intentando hablar con él sin tener cerca de La Peligros. Porque estaba claro que decirle a alguien que te gusta (sin estar pasando por la Men-O-Pausia, osea, que iba en serio) con La Peligros cerca era una condena a muerte de tu vida sentimental, amorosa y sexual en los siguientes setenta años.

- ¿Qué no has estado desaparecida? Meri, que celebramos el cumpleaños de la Omni y estaba ahí todo el mundo menos tú.
- Mira Raúl, aunque no hubiera estado desaparecido no habría ido a celebrar el cumpleaños de semejante hija de la gran bitch.
- Cómo eres meri ¡CÓMO ERES!

Hablar por teléfono con Raúl es lo que tiene: él decide cuando acaba una conversación. Yo no le había explicado todo lo que tenía que explicarle, pero él había decidido que la conversación había terminado y así era. Yo, que había quedado con B una hora más tarde, en el centro y (¡por fin!) sin La Peligros cerca, decidí que era momento de ponerme guapo. Me fui al baño, me desnudé me puse cachondo al verme en el espejo y me pajeé) y me di una ducha.

Al salir del baño oí ruidos en la escalera. Me acerqué a la mirilla porque si una cosa tengo es que si oigo ruidos en la escalera tengo que mirar (herencia de mi madre), no sea que alguna vecina antigua (que no vieja) se haya caído y se haya hecho daño. ¿Qué las voces que oigo son de dos jóvenes posiblemente atléticos y bien fornidos? Bueno, tal vez ELLOS han tirado a la anciana y le han robado el bolso.

Pero allí no había ni ancianas ni nada. La puerta del piso de enfrente estaba abierta. ¡Nuevos vecinos! Hacía ya dos meses que se habían ido los antiguos inquilinos (el Jona, la Juani, sus dos perros y la madre que los parió a todos) y creo que jamás me había alegrado tanto de perder a alguien de vista. Era consciente de que estaba viviendo un momento histórico y lo estaba haciendo en pelota picada delante de la puerta de mi casa.
Del interior del umbral inexplorado del tercero A emergió una figura. Era grande. MUY grande. Debía medir como un metro sesenta y debía pesar unos setecientos setenta y seis kilos. ¡¡Y era una mujer!! ¡¡ERA MONSTRUOSO!! Recordé la película y lo que el bicho le hizo a todo Manhattan y pensé en lo que me haría a mí si se daba cuenta de que estaba allí mirando.
Mi esperanza de que una adorable (y abierta) pareja de gays musculosos y cultos (y abiertos) se instalara era aplastada por la madre de Gilbert Grape, así que dejé de chafardear y me fui a lo mío. Ciertamente aquella mujer no iba a vivir sola (¡hasta Jabba el Hut tenía compañeros de piso) pero viéndola a ella ya tenía suficiente: nada interesante (again) en el tercero A.

Tardé un buen rato en elegir qué me iba a poner para aquella cita con B (que él no sabía que era una cita), pero dejé que el amor de Kylie guiara mis manos en el armario y acabé vestido para matar. Ya estaba listo, podía irme.

Al abrir la puerta entendí mi primer error: no utilizar la mirilla para asegurarme de que no había nadie en el descansillo. Pero ya no había marcha atrás. La mejor forma de no encontrarme con nadie era hacerme el tonto y aunque aún no le había dado al play llevaba los cascos puestos y podía hacerme el tonto. Así que caminé unos pasos con la cabeza gacha, simulando que buscaba algo en los bolsillos.

Y ahí se materializó mi segundo error: si vives delante de la persona más grande del mundo y vas mirando hacia abajo, es de esperar que te incrustes contra ella.

Y así fue. Aquello fue como si el meteorito de Armaggedon me cayera encima con Ben Affleck, Bruce Willis y todos los Aerosmith encima gritando como condenadas. Cuando me recuperé del soberano golpe y pude centrar la mirada me quité los cascos y oí su voz:

- ¡Niiiiiiiño! ¡A ver si miras por dónde vas! –dijo ella. Pongo que lo dijo, pero en realidad lo gritó a los cuatro vientos. Lo que pasa es que ahora sé que ella todo lo dice así, y paso de estar diciendo que gritó esto y gritó lo otro: ella habla MUY fuerte.
- Perdón, perdón –dije yo, disimulando-. Estaba despistado.
- Ya ya… despistado… Osea que tú eres el mariquita que vive en el B ¿no?
- Pues… ya veo que ha estado hablando con Mercedes, la portera.
- Pues claro niño, lo primero que he hecho nada más bajarme del coche ha sido ponerme al día de la escalera mientras mi marido y mis hijos descargan las cosas. JJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA –y es que si hablando se la oye desde la estación espacial internacional imagínate lo que deben pensar en la otra punta del universo cuando la oyen reírse.
Yo me la quedé mirando, sin saber exactamente qué hacer. Pero una palabra rondaba mi mente: “hijos”. Pero nada, olvídate nena. Mira a la madre, seguro que son como el primo de Harry Potter.

- Pero qué maleducada soy –dijo ella-. Me llamo Dolores. Pero llámame Lola.
- ¡Anda! ¡Cómo la canción!
- ¿El qué?
- La canción. No me llames Dolores, llámame Lola.
- ¿Eso es una canción?
- Sí bueno… se hizo famosa hace unos años…
- Niño, si no ha salido en Operación Triunfo a mí no me preguntes. JAJAJAJAJAJAJA –y volvió a reírse y en Pakistán hubo un terremoto y unos niños pastores murieron sepultados junto a sus rebaños. Pero una cabra sobrevivió y fue noticia dos días después en la CNN.
- Pues yo soy Javi. Y ya conocerá a mis padres, que también viven aquí. Ha sido un placer conocerla, Lola. Pero es que he quedado con un amigo y tengo un poco de prisa…
- Di que sí, hay que cuidar a los amigos. No como mi hijo Manuel, que no da un palo al agua, todo el día enganchado a la consolita de los cojones y no sale de casa para nada.

Lo dicho, el primo de Harry Potter.

- Menos mal que mi pequeño, el Paco, me ha salido más listo. Ése si no está estudiando está en el gimnasio y sino está por ahí con los amigotes.

Espera, espera, ESPERA. Paco. Pequeño. GIMNASIO. Mmmm…

- Así que… ¿tiene dos hijos? –le pregunté a Lola.
- Sí. Manuel y Paco. Pero no tienes nada que hacer que estos tienen de maricones lo que yo de Claudia Schiffer. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA –y una sacudida hizo que el último trasbordador de la NASA tuviera que abortar su lanzamiento-. Pero ve ve, que llegarás tarde y tu amigo se enfadará.
- Ay sí. Encantado de conocerle Lola.
- Igualmente.

Y me fui, dejando a Lola detrás. Saqué el iPhone del bolsillo y deslicé el dedo por el cover-flow hasta encontrar el Womanizer y darle al play. Bajé los tres pisos por las escaleras mientras oía cómo el ascensor subía hacia mi planta. Una vez en la portería me encontré con Mercedes, mi adorada Mercedes.
- Buenas tardes –me dijo ella y yo le respondí con mi famosa mirada “te saludo por cortesía, vieja cotilla ¡de mierda!”.

Y entonces les vi. Ni en mis peores fantasías sexuales había podido esperar vivir un momento como aquél.

Junto al portal del edificio se agolpaban un montón de cajas. Y dos Dioses del Olimpo se disponían a cogerlas. Antes de que las cargaran pude observar sus maravillosos torsos desnudos y di gracias a Dios por haber hecho que llegara por fin el calor y poder contemplar esos pectorales y esos abdominales. Al coger unas cajas todas las venas existentes en esos cuatro brazos se hincharon más que la de María Patiño en una mala noche. Uno de ellos empujó al otro y sonrió, y el otro tuvo un pequeño traspiés y se giró, también sonriendo.

Gracias, Señor, por meterme en una película de Bel Ami.
Entonces dejaron las cajas, se bajaron los pantalones y se chuparon las pollas el uno al otro. En mi imaginación, claro.

En la realidad los dos pasaron junto a mí soltando un débil “Buenas” y yo les contesté con mi boca abierta “no te saludo porque estás demasiado bueno y bastante tengo con evitar empalmarme”.

Al pasar junto a Mercedes ella les dijo:
- Es maricón.

Yo me giré, mirando a la puta vieja pensando si darle las gracias o mandarla a la mierda. Ellos se pararon a esperar el ascensor y se me quedaron mirando. Uno de ellos (hasta ese momento eran prácticamente imposibles de diferenciar) se me quedó mirando con cara de mala hostia.
El otro, sin embargo, me sonrió.

Capítulo Doce: MAMMA MIA!!!

Era sábado por la noche y nuestro amigo Luigi (un italiano que vino a Barcelona un fin de semana desde Milán a follarse a todo lo que se meneaba, se lo folló y luego se quedó vivir aquí) nos había invitado a la inauguración de su nueva pizzería. Bueno, nunca tuvo una antigua, así que técnicamente era su única pizzería.
Como he dicho Luigi se folló a todo lo que se meneaba (incluidos nosotros tres –en semanas diferentes-) así que el local estaba hasta arriba de gente. Por suerte para nosotros Raúl se folló a Luigi más veces que nadie más en el local, aunque nunca llegaron a considerarse nada especial el uno del otro, y por eso teníamos reservada una mesa en el mejor sitio posible: los sillones del fondo.
Estuve tentado de invitar a HoneyB a la cena, pero imaginaba que con él ahí la conversación giraría constantemente en torno al rabo de La Peligros y el trío que nos habíamos montado. Además no veía adecuado invitarle si tenía “algo especial” con Iván.
Lo que me jodía de la historia, en realidad, era que yo nunca había intentado nada con HoneyB porque daba por hecho que no quería tener novio nunca jamás. Y encontrarme con que tiene uno, que es pollón y que es mi amigo el gafe (a.k.a. La Peligros) pues me chocó. De hecho hasta me sentí celoso, lo reconozco.

- ¿Qué piensas, meri? –preguntó Hugo, que se dio cuenta de lo absorto que estaba yo en mis pensamientos.
- Nada, nada, tonterías – respondí.
- La última vez que dijiste eso nos viniste con la chorrada de que te ibas a vivir a Calatrava de la Reina –dijo Raúl.
- No era Calatrava de la Reina y no dije que me iba a vivir allí, dije que me lo estaba planteando.
- Pues menos mal que no te lo planteaste mucho –dijo Hugo, sonriéndome.

Al fondo del local vimos aparecer a Luigi. Estaba igual de guapo, elegante y resplandeciente que siempre. Porque sí, Luigi es uno de esos tíos que brillan por si solos. Pero no en plan vampiro marica de Crepúsculo sino en plan carisma ¿sabes? Luigi nos vio y vino corriendo a saludarnos.

- ¡Javi! ¡Huuuuuugggggo! ¡Rrrrauuuuul! No sabéis cómo me alegro de veros aquí –dijo él, con un acento italiano que me volvía loco.
- Felicidades Luigi –dije yo-. El local es maravilloso.
- ¡Grazie, grazie! Io sabía que te gustaría. Cuando lo decoraba pensaba “Ma ¿cómo le gustaría a Javi?” ¡Siempre me gustó tu… tu… tu estilo!
- Vaya, gracias –contesté mientras veía a Raúl entrecerrar sus ojos e interrogarme con la mirada.
- Bueno, os dejo disfrutando de la cena. Grazie per venire.

Y se fue.

- Oye meri –dijo Raúl, cuando nos sentábamos-. ¿Qué rollo te traes tú con Luigi?
- No empieces a liarla, Kiko Hernández, que aquí no ha pasado nada más de lo que ya sabes. Lo que pasa es que a Luigi y a mí nos encanta el diseño y tenemos gustos comunes.
- Ah, ahora que te follen mientras lees El Mueble se le llama tener gustos comunes -dijo Raúl.

El camarero vino a traernos unos copazos de vino y a tomar nota de la comida que queríamos. Raúl y yo pedimos pizza y Hugo se decantó por un plato de pasta de nombre impronunciable. Todo lleno de ges e íes, a lo volcán islandés.

- Bueno nena –le dije yo a Hugo-. ¿Has hablado con Mario?
- No. Pero… -continuó antes de que Raúl pudiera decir nada-. …le he llamado como veinte veces. Es que no me contesta.
- Quién te lo iba a decir, ahora eres tú el que va detrás de él –dijo Raúl.
- No nenas, las que ibais detrás de él erais vosotras –dijo Hugo.
- ¡Me duele ya la boca de repetírtelo! –dijo Raúl-. ¡Que no le estábamos siguiendo coño, que fue casualidad!
- No nena, eso no fue una casualidad –dije yo-. Una casualidad es lo que está a punto de ocurrir.

Y es que ellas, que estaban de espaldas a la entrada del restaurante, no se dieron cuenta. Pero yo le vi venir. Y también la vi a ella, claro, vestida de noche y cogida de su mano. De hecho ella fue la primera en verme y trató de evitar que él fijara su mirada en nosotros. Pero al localizarnos por un despiste de la muy zorra, su mirada se clavó en nosotros, sonrió y vino directo.

- Hola chicos –dijo Mario, estático junto a nuestra mesa con Laura a un lado.
- Hola –dije yo, que era el único que podía hablar porque ya había superado el shock por el que estaban pasando en ese momento Raúl y Hugo.
- Qué sorpresa veros aquí –dijo Mario.
- La sorpresa es que lleves a una mujer de la mano –dijo Raúl, que recuperó el habla de golpe, como si un resorte hubiera saltado en su interior al ver la oportunidad de hacer uno de sus comentarios típicos-. No verte en este restaurante a cuyo dueño nos hemos follado todos, incluído tú.

Mario hizo una pequeña mueca y pude ver cómo apretaba un poco más la mano de Laura, que no dejaba de sonreír.
Hugo aún seguí ojiplático.

- Yo… bueno… -continuó Mario, titubeante-. Me invitó Mauro, el socio de Luigi. He trabajado para él alguna vez…
- No sabía que también eras chapero –dijo Raúl. A mí me dio un ataque de risa y se me salió un poco de vino por la nariz. Pero me mantuve ¡digna!-. Bueno, eso explica lo de la nena que hay a tu lado.
- Deberías saber –dijo Laura y eso me causó un shock a mí porque yo pensaba que esta chica no sabía hablar (de verdad, es que NUNCA –ni cuando era amiga de Hugo- la he oído hablar)-. Que Mario es uno de los mejores gestores de su empresa y Mauro es uno de los mejores clientes que tienen.
- Y tú deberías saber –continuó Raúl- que nos importa un bledo.
- ¿Se puede saber qué haces aquí? –dijo Hugo de repente, que debió despertar unas líneas de diálogo antes pero el shock le duraba hasta ahora.
- Me sorprende que me preguntes eso –dijo Mario- cuando te has pasado toda la semana llamándome.
- Porque quería hablar contigo de lo del juicio, a ver si te has pensado ahora que quiero volver contigo después de saber que el coño de esta hija de la gran puta ha pasado por tu boca.

Ahora fue Raúl el que expulsó vino por su nariz. Pero no fue por risa, fue por asco.

- Hugo, no hace falta usar ese lenguaje –dijo Mario- Y no me gusta que insultes a mi novia.
- ¿Tu no…? ¿Tu novi…? ¿¿TU NOVIA?? – gritó Hugo, que se levantó de golpe arrojando su servilleta al suelo y se preparó para liberar el Kráken que llevaba dentro-. Mira, pedazo de cabrón. Esta tiparraca no es tu novia, es una zorra insípida que se aprovechó de mí para que alguien se la follara de una vez por todas porque no sé si lo sabes pero antes de estar contigo llevaba DOS AÑOS SIN COMERSE UNA SOLA POLLA.
- En realidad fue un año y diez meses –dijo Laura, excusándose.
- Sigue siendo demasiado, lerda –respondió Raúl.
- Y tú… ¡¡¡TÚ ERAS UNA PASIVORRA!!! Si seguro que la tontadelculo ésta tiene que ponerse un arnés para satisfacerte porque si no tienes un buen cacho de carne metido hasta el fondo en ese culo que tienes más dilatado que el puto túnel de Vallvidriera no hay manera de que te corras.

En este punto es obvio que todo el restaurante estaba en silencio observando la situación.

- ¡¡Así que NO ME TOQUES LAS PELOTAS ahora con la tontería de que la hija de puta de Laura es TU NOVIA!! ¡¡Si follamos hace un par de semanas!! ¡¡PERO SI AÚN ME HUELEN LOS DEDOS A TU CULO, QUÉ COÑO VAS A SER HETERO!!

Hubo un momento de silencio en que todos esperábamos que Mario respondiera o que Laura (que ahora era la que vivía el shock que en este capítulo hemos vivido todos, ella al descubrir que Mario y Hugo se habían acostado hacía poco) saliera corriendo.
Pero nadie en el restaurante fue capaz de decir nada, salvo Raúl y yo, que sólo pudimos decir una cosa.

- ¡¡¡¡¡BRAVO!!!!! –y nos levantamos de la mesa y comenzamos a aplaudir.

Los demás comensales no decían nada mientras nosotras dos aplaudíamos como si Lady Gaga hubiera cantado Bad Romance delante nuestro. Pero aún no sabíamos que faltaba el bis.
Hugo se giró y nos miró:

- Esperaos nenas, que ahora viene lo mejor.

Volvió a mirar a Mario, le agarró de la corbata y lo levantó del suelo (no me preguntéis cómo coño lo hizo) para estamparlo contra la pared.

- Esta tontería que te tienes montada con nosotros acaba aquí y ahora. Mañana mismo vas a retirar la demanda porque está claro que fue un puto accidente y que a la zorrita de “tu novia” no le pasa nada en las cervicales porque mira la cara de bien follada que trae.

Mario empezó a soltar una lágrima.

- Y como vuelva a verte, oírte, olerte o saber de ti te juro por lo que más quieras que te mato no, que te tragas toda la puta discografía de Madonna, incluyendo singles y EP’s japoneses. ¿Te queda claro?
- S… sí… -contestó Mario, que ya estaba llorando (igual que Laura).
- Pues ahora… - Hugo soltó a Mario-. Me despido de ti, para siempre.

Y le pegó tal puñetazo que las gafas de Mario salieron volando, seguidas de un diente y de un chorro de sangre. Laura le ayudó a levantarse y ambos salieron del restaurante ante el estupor general.
Antes de volver a sentarse Hugo se giró en busca de Luigi. Cuando lo localizó entre la multitud le gritó:
- Luigi, coño, ¿nos has invitado a cenar o desayunar?

Luigi se echó a reír, y se puso a aplaudir a Hugo. El resto del restaurante hizo exactamente lo mismo. Raúl y yo, comenzamos a gritarle lo de “¡Y reina, y reina, y guapa, y guapa!” No sólo porque había liberado el Kráken con un estilazo y una hombría que hasta a mí me había puesto cachondo (pero vale ya de folleteo entre personajes de esta historia que esto al final va a ser peor que una reunión familiar de Los Borbones), sino porque había conseguido solucionar el tema de Mario, el del accidente, el de la demanda y el de Laura en una sola y creíble secuencia.

Aprended, guionistas de LOST.

- Nena –le dije a Hugo- ¿se puede saber qué te ha pasado?
- Mira, puedo aguantar que me ponga los cuernos. Puedo aguantar que sea con una mujer. Puedo aguantar que meta a mis dos mejores amigos en la cárcel. Incluso puedo aguantar que se traiga a sea puta y nos joda la cena. Pero que me diga que es su novia… ¡¡qué me diga que es hetero!! Lo siento pero eso sí que no.
- Claro que no –dije yo-. Ahora haz lo mismo con mi ex, el que se va a casar con una mujer.
- No nena, a ese le partes tú solita la cara, que yo bastante tengo con lo mío –dijo Hugo.

Raúl cogió la mano de Hugo y comenzó a olisquearle los dedos índice y corazón.

- ¿Qué haces nena? –preguntó Hugo.
- Comprobar si era verdad eso de que tus dedos aún huelen a su culo.
- ¡Serás guarra! – dije yo.
- Guarra ¡y hambrienta! ¡Como no venga ya esa puta pizza me como al camarero, así de claro te lo digo –dijo Raúl, lo suficientemente alto como para que todos los camareros (y Luigi) le oyeran.

Tras la cena Luigi nos invitó a una fiesta para celebrar el éxito de la noche. Le agradeció a Hugo que introdujera un poco de “passione” en la fiesta y que bautizara el restaurante con la sangre de ese “figlio de putana” de Mario.

Esa noche Luigi, Raúl y un camarero se montaron un trío que dejó en ridículo todo lo que hice con La Peligros y HoneyB. Y mira que el momento en que La Peligros me la chupaba mientras B me follaba y se rompió una pata de la cama y tuve que agarrarme a la estantería en la que B tenía puestas las fotos de sus sobrinos para no acabar todos estampados contra la mesita de noche fue de órdago.

Hugo se folló a un camarero que al día siguiente tuvo que pedir el día libre porque le dolía todo el cuerpo.

Yo me volví a casa más solo que la una sin poder dejar de darle vueltas a la idea de que quería volver a ver B. Y ver a B implicaba volver a ver a La Peligros.

Capitulo Once: Aftersex

- ¿Un trío con La Peligros? –dijo Raúl-. Eso supera con creces todas las absurdidades que nos han ocurrido estas semanas tía.
- Incluso lo del juicio de Mario– dijo Hugo.
- Hostia lo del juicio… yo aún no me lo creo –dije yo.

Estábamos sentados en una mesa del Dietrich, tomando un café. Era un viernes por la tarde. El buen tiempo se empezaba a notar en el ambiente y en las camisetas sin mangas que llevaban los chulazos del GayXample.

Lo cierto es que sí, hice el trío con La Peligros y con B. La cosa fue un completo desastre. Ya me extrañaba a mí que para llegar a casa de B hubieran habido tantas desgracias; lo del ascensor, lo del cubata… y las que vinieron luego. Que si el bote de lubricante vacío, los condones que se rompían, el Popper caducado y sí, cómo no: la lefa en el ojo.
Que yo no sé vosotras cómo lo lleváis, pero una gota de lefa en el ojo QUEMA.

No quise entrar en detalles con mis dos amigos sobre cómo había la cosa con B y La Peligros en la casa. Sólo tenía una cosa que decirles:

- Si no fuera por lo tremendamente gafe que es, La Peligros sería un polvazo.
- ¿Pollón? – preguntó Raúl.
- Pollón. De las gordas sin pelar, como a ti te gustan – le contesté.
- ¿Sin pelar? – preguntó Hugo.
- Sí nena –le aclaró Raúl.- Sin circuncidar.
- Aaaaaah… -dijo Hugo, y le dio un trago al vodka naranja que tenía en la mesa.
- Tías –dije yo- ¿no es un poco pronto para empezar a beber?
- Nunca es pronto si la priva es buena–dijo Raúl, y le pegó un trago a su Gin Tonic.
- Qué hétera te pones cuando hablas de alcohol, so puta – dijo una voz a nuestro lado.

Allí estaba. Cómo no. Era fin de semana y estábamos en el GayXample, así que era inevitable encontrárnosla. De hecho es inevitable encontrársela en cualquier cosa que suene a, lleve el nombre de, huela a gay. La Omni, por Omnipresente. Era como Dios pero nos caía aún peor. Porque lo peor no era encontrársela en todas partes, es que no había manera de quitársela de encima. Lo cual aumentaba esa sensación de que estaba en todas partes porque si te la encuentras en el Circuit Festival todo el pabellón acaba saliendo con la sensación de que no se la ha quitado de encima así que es probable que además de ser omnipresente tenga el don de la ubicuidad y dé por culo en Dolby Digital y en 3D.

- Fíjate, y tú que no pareces hetera ni hablando de fútbol – contestó Raúl.
- ¡Uy! Hétera yo, dice ésta –soltó La Omni, con toda la pluma que pudo, como si quisiera dejar claro que era gay no, lo siguiente – Yo no quiero parecer eso que luego todo se sabe en esta ciudad tan pequeña.
- Sobretodo para un culo como el tuyo –dijo Raúl.
- ¿Qué has dicho? – contestó la Omni, mientras Hugo y yo nos aguantábamos la risa como podíamos.
- Que es que estamos ocupadas ¿sabes? – contestó Raúl.
- ¿Haciendo qué? ¿Buscando a quien os pague la fianza? Que ya me he enterado de lo de ese juicio vuestro…
- Pues muy poco enterada estás, querida, porque lo del juicio al final nada – contesté yo.
- ¿Cómo que nada? Si me ha dicho un pajarito que lo mismo acabáis entre rejas.
- Mira guapa –dijo Raúl- Si yo acabo entre rejas será por haberte matado a ti, no por estrellar accidentalmente mi coche contra el del ex de la petarda ésta.
- Oye nena –dijo Hugo – Sin faltar ¿eh?
- Joder tía, que es con cariño –dijo Raúl.
- Pues eso no es lo que me ha dicho mi amigo el que trabaja en los juzgados…
- Cuántas veces te tengo que repetir –contestó Raúl- Que los hombres que te pagan por chupársela no son tus amigos.
- Tú te crees muy graciosa –le dijo La Omni a Raúl, agitando una mano mientras con la otra sostenía un vaso de Nestea – Pero veremos quién es la que ríe la última.
- Pues tú, como siempre –dijo Raúl – Porque eres la tonta que siempre entiende el chiste tarde.

Ante tal muestra de ingenio (hasta yo estaba sorprendido por las ácidas respuestas de Raúl) La Omni no tuvo más remedio que levantar su cabeza, soltar un “Huh!” entre la ofensa y el ridículo y largarse a la barra, donde había dos maricas que trataban de que no las viera sin éxito.

- Tía, cómo te pasas con ella – le dijo Hugo a Raúl.
- Es que es la única manera de quitársela de encima. Qué agobio de marica. –dijo Raúl.
- Estoy contigo –dije yo – Una vez me la encontré en el metro y me dio tanto por culo que me salté tres paradas porque no me dejaba bajarme sin acabar de contarme no sé qué historia de ella, un lavabo en la Metro y Jordi González.
- ¿Se encontró a Jordi González en el lavabo de la Metro?
- ¡Qué va! Que había estado viendo La Noria y se quedó encerrada en el lavabo y no sé qué se había tomado que estuvo una hora sentada en la taza pensando que la entrevistaba Gloria Sierra mientras el González vomitaba en el baño de al lado.
- Pues no sé qué se tomó –dijo Raúl – pero yo quiero probarlo.
- Bueno tías –dijo Hugo - ¿Al final qué vais a hacer con lo de Mario?
- Pues jodernos y pagarle la reparación. Y tú ya podrías hablar con él a ver si se baja del burro y retira la demanda por acoso – dije yo.
- ¡Ah! ¡Ahora queréis que hable con él! – gritó Hugo, indignada.
- ¡Pues claro, so zorra! –dijo Raúl- es tu ex joder, hazle entrar en razón. Fue un accidente coño, la culpa es de Pedralbes que está construido todo a mala leche.
- Tías, es que tenéis que reconocer –continuó Hugo- que es bastante sospechoso que justo os chocarais con su coche ¡con Laura dentro!
- También es sospechoso que éste –dijo Raúl, señalándome- se acostara con La Peligros y alguien haya decidido omitir los detalles de ese encuentro sexual.
- Mira nena –dije yo- Yo te prometo que te lo cuento, pero ahora no que no me siento con ganas. ¡Que me han demandado! Y encima tenemos a la zorra de la Omni contándoselo a todo el mundo. Seguro que en nada se entera mi madre.
- Pero tía –dijo Raúl- si hoy en día que te demanden es lo más cool que te puede pasar. Con suerte nos hacen una concentración de apoyo en Arena ¿te imaginas? Como cuando detienen a un perroflauta de la UB por tirarle una piedra a un Guardia Urbano o cuando acusan a Garzón de cualquier chorrada inventada para que Rita Barberá conserve los Louis Vuitton.
- Con la diferencia de que yo me lavo el pelo y no llevo un Vuitton colgando del brazo – contesté.
- Bueno nenas – dijo Hugo – Yo intentaré hablar con Maio por lo del coche. Pero estoy seguro de que no me creerá. ¡Si hasta yo no me creo que fuera casualidad!
- Tú cree lo que te salga del coño – dijo Raúl- Si voy a la cárcel saco el blog ése en el que publicamos lo de que íbamos a joderle el coche a Mario y digo que lo escribiste tú.
- ¡Coño! ¡El blog! –grité yo - ¡Si Mario lo encuentra lo usará como prueba de que íbamos a por él!
- Nena ¿pero cómo coño va a encontrar eso? –dijo Raúl.

Hugo cogió su cubata y le pegó un trago tan rápido y tan largo que sólo le faltaba un cartel de neón gigante en la cabeza que dijera “HE HECHO ALGO POR LO QUE ME VAIS A MATAR” para delatarse un poco más.

- ¿Qué has hecho, maricón? – preguntó Raúl.
- Bueno… ¿os acordáis de que me follé a Mario?
- No nena, no nos acordábamos. Total, si todo lo que nos está pasando viene del hecho de que te puso los cuernos y luego te lo follaste, te enfadaste con nosotros, me pegaste una hostia y cuando nos fuimos en coche nos chocamos con él. –dijo Raúl - ¡Menos mal que me lo has recordado HIJADELAGRANPUTA!
- No hace falta usar ese tono tía –dijo Hugo.
- Eso, que luego va y te arrea –dije yo.
- Pues el día que me acosté con él… estuvimos mucho rato hablando y como parecía que la cosa se iba a arreglar entre nosotros…
- Ay Dios… -dije yo.
- No me jodas que se lo contaste –dijo Raúl.
- Sí. Le dije que habíamos pasado el verano planeando vengarnos de él pero que al final todo había quedado en unas risas.
- ¡PEROMIRAQUERESTONTADELCULO! –gritó Raúl, así con tanta rapidez que me sorprende que lo entendiéramos - ¡¡¡Pero cómo se te ocurre!!!
- ¡Es que no pensaba que iba a pasar esto! Además, él se rió y dijo que le hacía gracia lo de la venganza y tal.
- Sí claro, hasta que nos chocamos con él y le descolocamos una cervical a la zorra de tu exmejor amiga – dije yo.
- Oye nena –dijo Raúl, mirando a Hugo – Últimamente por juntarnos contigo nos están pasando muchas desgracias. A ver si la Chari te ha echado un mal de ojo a ti también y eres La Nueva Peligros.
- ¡Tía, no te pases! –gritó Hugo-. Yo lo hice sin querer joder, si hubiera imaginado que podía pasar esto me callo…
- Pues ya me dirás qué hacemos –dijo Raúl-. Seguro que el hijo de puta tiene el blog ya impreso y listo para llevárselo al juez.
- Vais a necesitar un buen abogado – dijo Hugo.
- Sé exactamente a quien llamar –dije yo.

- No tía no –dijo Raúl-. No puedes hacerlo.
- Es necesario –contesté.
- Pero… pero… ¡¡no podemos recurrir a ella!!
- ¿De quién habláis? –preguntó Hugo.
- De una amiga común. Tú no la conoces.
- ¡Y no sabes la suerte que tienes! –gritó Raúl-. Javi, te lo pido por favor. Te lo suplico. Haré lo que sea. Haré la calle si hace falta para pagar un buen abogado. ¡Volveré a acostarme con Imhotep si hace falta! Pero por lo que más quieras…
¡¡NO LLAMES A ALLY MCBEAL!!

Capítulo Diez: Encerrado

Una semana después del choque con el coche de Mario la situación se había vuelto totalmente rocambolesca.
Él nos acusaba de haberle seguido hasta darle un golpe y destrozarle el BMW. Hugo se enfadó con Raúl y conmigo, pero no sabemos si se cabreó porque le jodimos el coche al su ex –con el que se había acostado tras ponerle éste los cuernos con la mujer que iba en el coche que nosotros aplastamos- o por haberle jodido el coche a su ex –con el que bla bla bla- sin estar él presente.
Además Laura, la mujer con la que Mario se había acostado se pasó una semana llamándome diciendo que le dolía el cuello y que pensaba denunciarnos por lesiones. Pero, como dijo Raúl: “Las lesiones que tiene esa zorra ya estaban ahí antes de que le diéramos el golpe: y es que por mucho que te den por detrás gilipollas no te vuelves, ya lo eras”.

Total, que yo estaba deprimidísimo en mi casa sin saber qué hacer, hundida en mi miseria y bebiéndome un destornillador a las 19:40 de la tarde de un jueves cualquiera cuando, de repente, sonó mi teléfono. No sabia quién era ni me importaba: cogí el móvil, lo apagué y lo tiré lo más lejos que pude.

¿Cómo había llegado a esa situación? ¿Y por qué me hacía esa pregunta si realmente no me pasaba nada? Creo que fue cosa del alcohol, que me hizo plantearme dudas que no venían a cuento. Mirando la pantalla del ordenador de repente vi que se conectaba HoneyB.
HoneyB no es Beyoncé (aunque viendo la cantidad de gente que tengo agregada al MSN -¡gracias Bakala!- no sería sorprendente que alguno de ellos fuera la mismísima Lady Gaga). HoneyB es un chico muy majo que conocí por el GrindR (una aplicación del iPhone que te detecta los gays que tienen cerca) y que resultó ser un chulazo de escándalo que vivía a dos calles de mí y que, por lo general, estaba más salido que yo.
De hecho no tardé ni tres frases en decirle, claramente, que quería acostarme con él.

Que oye, puede que tenga que pierda un amigo y tenga que pasarme varios capítulos yendo de juicio en juicio como una Ana Obregón cualquiera pero en este capítulo YO FOLLO.

Pero la cosa no resultó como yo había previsto. Para empezar HoneyB me pidió que le llamara, cosa que nunca jamás habíamos hecho. Lo nuestra era quedar por el propio MSN. En realidad casi no conocía ni su voz, sólo para decirme las frases típicas durante un polvo y un par de cumplidos tras el polvo y adiós, hasta la próxima.

Cogí el móvil, le llamé y contestó.

- Hola Javi –dijo él en cuanto descolgó el teléfono.
- ¿Qué pasa? –pregunté yo, sin saludar.
- ¿Cómo que qué pasa?
- Hombre, nunca me has hecho llamarte antes de quedar, algo tiene que pasar.
- Ah… bueno sí –dijo él, con la voz algo temblorosa-. Verás… Es que me apetece mucho follar contigo…
- Y a mí contigo, lo sabes, tengo ganas de sentir tu polla…
- Vale, vale, espera. Tengo que decirte algo. Estoy con alguien.
- ¿¿¿PERDOOOOOOOOOONAAAAA?? –si tuviera melena la habría echado hacia atrás en un claro gesto de indignación.
- Que estoy con alguien.
- Ya ya, te he oído. Pero ¿estás con alguien en plan que estás ahora con alguien o que estás saliendo con alguien?
- Un poco las dos cosas, en realidad… Verás… Es un chico al que conocí hace unos días y no sé, hay muy buen rollo entre nosotros.
- ¿Pero cómo se te ocurre echarte novio? Joder Be, esa polla tuya es un bien cultural que se tiene que compartir con todo el mundo.
- Ya ya, si ése no es el problema.
- ¿Ah no? ¿Entonces?
- Pues que… resulta que este chico con el que estoy… pues es bastante abierto en temas sexuales y justamente hemos entrado al MSN a ver si encontrábamos alguien con quien… bueno… con quien montarnos un trío.
- Ah… un trío… -de repente la conversación cobró un sentido totalmente distinto, mucho mejor, sin lugar a dudas. Si HoneyB me proponía un trío estaba clarísimo que el otro tío tenía que ser un chulazo de escándalo porque HoneyB sólo se acuesta con chulazos de escándalo (y sí, soy totalmente consciente de lo poco modesto que suena esto pero es que YO ESTOY QUE ROMPO.
- Sí, un trío… y por eso te he pedido hablarlo primero… a lo mejor no te…
- ¿Qué no me? ¿¿Qué no me?? –otro momento melena al viento-. ¡Pues claro que me!
- Ah… pues… entonces ¿te apuntas?

Creo que ni le contesté. De hecho el tiempo desde ahí hasta que llegué a su casa fue tan fugaz que no recuerdo si quiera qué pasó hasta que me subí al ascensor de su edificio. ¿Y por qué recuerdo lo del ascensor? Porque fue justo al pasar el cuarto que la cabina empezó a temblar y, de repente, se detuvo. La luz se apagó y quedó encendido únicamente el piloto de emergencia.
No me lo podía creer: estaba a las puertas de un polvo de escándalo y me quedaba encerrado en el ascensor. ¡No era posible! Si no fuera porque iba directo a la cama de HoneyB y su novio, el follador, pensaría que todo esto era culpa de quien tú y yo sabemos: La Peligros.
Apreté como una histérica el botón de emergencia y grité unos cuantos “socorro”s hasta que oí una voz que me pedía que me calmara y me explicaba que habían tomado nota de la incidencia y que en breve un técnico se pasaría por allí a rescatarme.
- ¡Pero es que no puedo esperar!
- Le entiendo, le entiendo –me decía la voz del ascensor-. El técnico ya está de camino, no se preocupe, en muy poco tiempo estará usted sana y salva.
- Soy un tío.
- Ah… perdone… por su voz tan aguda le confundí con una mujer, disculpe.
- No tengo una voz aguda ¡¡es que estoy histérica!!
- ¿Histérica?
- ¡Ay nena! ¡No te me pongas ahora en plan Bibiana Aído y SÁCAME-DE-AQUÍ!
- Relájese, respire profundamente, piense en…
- Ahora mismo, nena, no puedo pensar en otra cosa que no sea este puto ascensor y el polvazo que me estoy perdiendo por estar aquí encerrado.
- ¿Disculpe? –preguntó la chica del otro lado, que dejó de repente de utilizar su tono relajante y tranquilizador para pasar al de choni chafardera.
- Verás tía, es que estoy pasando un momento muy estresante en mi vida y he quedado con un follamigo para pasarme la tarde follando como sólo follan los jugadores de fútbol cuando ganan la Liga. Y encima el tío me ha dicho que me estaba esperando ¡con otro maromo!
- ¡Un trío! Siempre he querido hacer uno ¿sabes? –me dijo ella-. Pero a mi novio le da palo.
- ¿Y eso? ¿No se supone que a los tíos les molan esas cosas? –pregunté yo.
- Claro, pero es que yo quiero un trío con dos tíos. Y quiero que se lo monten entre ellos también…
- Uy nena, tú tienes mucho vicio…
- Bueno… un poco –y se rió.
- Y claro, a tu novio eso de meter a otro maromo…
- Claro, no le mola nada. Osea, él dice que con otro tío vale, pero que sólo si no tiene que tocarle ni nada. Pero yo creo que lo dice por quedar bien, porque sé que le van los rabos.
- Nena, para que me vas a poner cachondo.
- Bueno, ¿no ibas a echar un polvo? Piensa que si te calientas ahora ya entrarás preparado para la acción…
- No, no, si yo preparado para la acción estoy siempre. Lo que pasa es que se me hace raro empalmarme mientras hablo con una mujer cuyo nombre ni siquiera conozco.
- Me llamo Jennifer.
- Encantado Jennifer, yo soy Javi.
- Un placer. Oye, que me acaba de decir el técnico que está a punto de llegar.
- Ah, ok. Pero a mí eso me da igual. ¿Por qué sabes que a tu novio le van los rabos?
- Bueno, a ver… que yo no digo que sea gay… pero alguna vez le he visto mucho porno bi por el ordenador y una vez se dejó el Faryfox…
- Firefox…
- ¿Perdona?
- No, no, nada, continúa…
- Pues se dejó el Faryfox abierto y vi que había estado escribiendo en un foro sobre tíos bisexuales.
- Jenni, tía, no me digas más. Tu novio quiere un rabo. Es evidente.
- ¡Claro! Y a mí me daría morbo ver cómo se lo follan… seguro que no es la primera vez que lo hace.
- Seguro que no, a estas alturas raro es el hombre que no ha sido penetrado analmente por un amigo o por un pepino.
- ¿Un pepino?
- Claro tía, los pepinos son ideaAAAAAAAAHHH!!!
- ¿¿¿JAVI??? ¡¡¡¡JAVI!!!! ¿ESTÁS BIEN?
- Sí sí tía Jenny, es que se ha puesto en marcha el ascensor y me he dado un susto que no veas.
- Vaya, con lo interesante que se estaba poniendo ahora el tema…
- Oye tía, si quieres te paso mi teléfono y quedamos un día para hablarlo tranquilamente.
- Ah, pues venga, pásamelo.

Dicho y hecho: antes de llegar al octavo (donde vivía HoneyB) La Jenny ya tenía mi número de teléfono y habíamos quedado en hablar esa noche para contarle qué tal el trío y quedar un día para tomar un café y discutir sobre su novio, el bisexual.
Una vez en el octavo me dirigí al portal de HoneyB y presioné el timbre. Al poco rato la puerta se abrió y apareció Be, con un cubata en la mano –típico en él- vestido con un tejano a medio abrochar que dejaba ver sus AussieBum y la camisa abierta, dejando al descubierto sus perfectos abdominales y el poco vello que tenía en el pecho (y que me volvía absolutamente loco).
- Sí que has tardado… -dijo, dándome un pequeño beso en los labios.
- No te vas a creer lo que me ha pasado –dije yo, acariciando su estómago-. Me he quedado encerrado en el ascensor.
- ¿En serio? –y se apartó de la puerta para dejarme entrar. Al pasar yo la cerró y caminamos tranquilamente hacia el salón, cruzando el pasillo.
- Sí, en serio. Pero lo divertido es que me he acabado haciendo amigo de la chica que me atendía por el teléfono de emergencia. Y me ha estado contando cosas muy interesantes sobre su novio bisexual…
- ¿”Interesantes”?
- Bueno, que me ha puesto bastante cachondo…
- Jajajajajaja –dijo Be, y acto seguido me empujó contra la pared y me comió la boca como hacía mucho que no me la comían -. Echaba de menos tus labios.
- Y yo tu lengua –contesté.
- Quiero que conozcas a mi chico.
- Y yo quier conocer a tu chico.

De repente a Be se le escurrió el vaso del cubata de entre las manos, se estampó contra el suelo y un cristal se le clavó en el pie.

-¡Mierda! –gritó.
- ¿¿Qué ha pasado?? –gritó alguien desde el salón. Inexplicablamente esa voz me resultaba familiar.
- Nada nada –respondió Be-. Se me ha caído el cubata, tranquilo.
- Ven al baño –le dije a Be y lo llevé al baño para limpiarle la herida y ponerle una tirita. Me senté en la taza y tras limpiarle la herida en la bañera saqué el botiquín del armario (sí, sé perfectamente donde lo guarda todo porque he follado en todos los rincones de esta casa) empecé a curarle un poco la herida.
- No sé que me ha pasado, se me ha resbalado –dijo Be.
- Tranquilo, no es culpa tuya. Con todo lo que ha pasado seguro que La Peligros está por el barrio.
- ¿Quién? –preguntó Be, intrigado.
- La Peligros. Un amigo nuestro que es un poco gafe el pobre.
- ¿Y se llama así? ¿La Peligros?
- No, no. Se llama Iván.
- ¿Me llamábais? –preguntó alguien desde la puerta.

Y sí, efectivamente. Has acertado. Cuando arrivo a casa ti mereci un premio. Vamos, que sí, que lo has adivinado. Que sí, que era ella. Allí estaba. Era él. Sin duda. Sin trampa ni cartón. De forma casual y absurda.
En el umbral del baño estaba la explicación a lo del ascensor, a lo del cubata y a todo lo que tenía que pasar después.

Porque resulta, RESULTA: que el chico tan majo que mi follamigo Be había conocido hacía unos días y con el que pretendía que me montara un trío era, nada más y nada menos que él. El inconfundible e inimitable Iván: también conocido como…

LA PELIGROS.

Capítulo Nueve: Ironías del destino

- ¿¿¿PERDOOOOOOOOOOOOONA??? –exclamé yo, mirando a Hugo, que se había quedado allí quieto con las manitas en su bolso con esa carita de no haber roto nunca un plato.
- Mira, yo desisto –dijo Raúl y me señaló-. Tú que vas a ir a la boda hetero de tu ex, yo que me he vuelto puta y ahora esta que se ha acostado con el tío que le puso los cuernos con su mejor amiga. Nena, que maten al guionista de esta película porque esto no hay quien se lo crea.
- Explícanoslo, YA. – dije yo.

Hugo nos miraba aún con esa carita de niño bueno y yo llegué a creerme que de verdad estaba avergonzado por lo que había hecho.

- Pues… No os lo he querido contar porque sé cómo os ponéis cada vez que os hablo de lo del Plan y lo de putear a Mario. Pero el tío se ha pasado todo el verano agobiándome con mensajitos y con llamadas y con mails… si hasta se abre cada día un perfil nuevo en el GayRomeo para que cuando me conecte vea su cara y un “Lo Siento” bien grande en la pantalla de inicio.
- Qué romántico –dijo Raúl.
- El caso –continuó Hugo- es que el otro día llegué a casa y me lo encontré en la puerta. Estaba sentado en el rellano y por lo que parecía llevaba horas ahí, llorando. A mí… pues mira, se me encogió el corazón…
- No nena –le corté-. Lo que se te encogió fue el cerebro.
- ¡O el esfínter! –dijo Raúl.
- ¡No! ¡No fue eso! –gritó Hugo-. Tenéis que comprender que yo a Mario le he querido mucho y que sí, que jamás le perdonaré lo que me hizo pero… aún siento algo por él ¿vale? Es el hombre de mi vida.
- ¡De la tuya y de la de muchas otras! –le gritó Raúl.

Y entonces Hugo, que parecía que realmente se creía lo que estaba diciendo, soltó su bolso y le arreó una soberana hostia a Raúl que no sólo me dejó a mí boquiabierto sino que juraría que todo Portal de l’Àngel se detuvo durante un segundo a mirar; como en El Show de Truman cuando se les acoplan los sonotones a todo el pueblo.
Entre los tres se hizo el silencio. Yo observaba la cara de Raúl, que se ponía roja por momentos, y veía cómo en su mejilla izquierda iba apareciendo la marca de la mano de Hugo. Éste se había quedado paralizado, sus ojos se llenaron de lágrimas y una cayó por su mejilla.

Sin decir nada Hugo se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a Plaza Cataluña. Raúl hizo lo propio, pero en dirección a la Catedral, hacia su coche.
- Nena –dije yo.
Pero Raúl me hizo una señal con la mano para que me callara. Y mira, yo otra cosa no, pero callada tampoco me puedo estar.
- Ah no, si no me vas a dejar decir nada entonces no voy contigo.
- ¡Pues no vengas!
- ¡Pues no voy!
- ¡Pues no vengas!

Al ver que no me movía de mi sitio Raúl me miró (aún con la cara toda roja) y me gritó:
- Quieres hacer el puto favor de venir conmigo, maricón.
- Sí, señorita Escarlata.

Durante el trayecto al coche no dije ni “mu”. Me dediqué a seguir a Raúl, cuya cara poco a poco iba bajando de tono (era como mirar un catálogo interactivo del Pantone) hasta alcanzar su blanco natural. Es que no os lo he dicho, pero Raúl es tan blanco que podría pasar perfectamente por un extra de True Blood.
Una vez en el coche respiró profundamente y me miró:
- ¿Tú te crees? Con lo que he hecho yo por él.
- Ya…. se ha pasado. Pero también es cierto que está en una situación complicada.
- No, estaba en una situación dura. Ahora que no tiene amigos sí que está en una situación complicada.
- Para el carro, Hannah Montana. Que se ha pasado tres pueblos pero no por eso vamos a dejar de ser sus amigos.
- ¿Ah no?
- No. Reconoce que nos estábamos pasando. Que sólo hace tres meses que pasó todo y es normal que aún esté un poco confundido. Además, tú y yo también nos hemos acostado con nuestros exes.
- Sí, pero no hemos montado tanto drama.
- ¿Perdoooooona? Manda huevos que esto lo diga yo, pero yo hace un año y medio que dejé a Alberto y aún sigo emparanoiado.
- Eso es verdad. Y cuando yo viví lo de Paco… también me volví un poco loca.
- No. Tú loca estás. Lo que te volviste fue imbécil. ¿Te duele?
- ¿El qué? ¿La hostia o tu ataque gratuito?
- La hostia.
- Pues claro que me duele.
- La verdad es que nos la merecíamos los dos.

Raúl alzó su mano y me soltó un guantazo.

- ¡¿PERO QUÉ HACES HIJA DE LA GRAN PUTA?!
- ¿No dices que nos la merecíamos las dos? Pues hala, ya está. Justicia divina.

A mí me dio la risa.
Raúl arrancó el coche entre carcajadas y salimos del parking. Decidimos que no teníamos ganas de ir a casa, ni de meternos en un bar, ni de hacer nada, así que decidimos dar vueltas por Barcelona con las ventanillas bajadas y la música a toda hostia. Es divertido hacerlo de vez en cuando. Probadlo.

Y entonces, ocurrió.
No me pidas que te explique exactamente cómo fue. Sólo sé que sonaba “Telephone” en el iPhone y que Raúl que conducía hacía de Honey B. y yo de Lady GaGa (pero con pene ¡y qué pene!). Estábamos por la zona de Pedralbes, no sé cómo nos metimos entre tanta oficina y tanta mandanga.
A mí esa zona de Barcelona siempre me ha puesto nervioso porque es como el un túnel del terror de la DGT: no sabes por qué calle te saldrá un coche, ni si te has metido en contra dirección… a veces ni siquiera sabes que hay una calle ahí y de repente ¡PLAF! ¡un coche.

Y mira, más o menos eso fue lo que pasó. Íbamos Raúl y yo cantando como gilipollas gritando lo de “EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH” y para cuando nos dimos cuenta el morro del coche de Raúl estaba empotrado en el culo de un BMW.
No nos hicimos daño. Y dado el ataque de risa estúpida que nos dio seguramente el conductor del otro vehículo daría por hecho que íbamos puestos hasta las trancas.

Mientras Raúl y yo nos reíamos como gilipollas alcé la vista y vi el culo del BMW. Miré la matrícula y algo en ella me resultó familiar. Ese número… 4 8 15 16 23 42

Es broma. 2269. ¿2269? ¿De qué me sonaba a mí un BMW con matrícula dos, dos, seis, nueve?

Las puertas del BMW se abrieron. Las del coche de Raúl también. Bueno, no se abrieron coche, que al MariCo(n)che le tenemos cariño pero no es KITT, las abrimos nosotros. Y fue al bajarnos del coche y encontrarnos frente a frente con los ocupantes del BMW cuando a Raúl y a mí casi nos da un patatús.

Y es que si no teníamos bastante con todo lo que acabábamos de vivir, como si no fuera suficiente que él fuera puta, yo hubiera sido invitado a la boda de mi ex y que Hugo le hubiera pegado una hostia (y él otra a mí); ahora Raúl y yo habíamos estrellado –sin querer- nuestro coche…

Contra el BMW de Mario.

Pero lo peor no era eso. Lo peor no fue bajarnos del coche para comprobar que del asiento del conductor se bajaba el ex de Hugo. Lo peor fue ver cómo del asiento del copiloto se bajaba…

No cariño, La Peligros no (pero seguro que no andaba lejos).

Del asiento del copiloto se bajó, vestida como una soberana zorra, Laura. Sí. Laura. La misma Laura examiga de Hugo que se había acostado con Mario, su novio.

Vamos, que todo quedaba en familia. Os dije que el karma es sabio y que había actuado contra Mario. Pero no me hicisteis caso. Bueno, seguramente no os acordáis porque hace tres meses que publiqué eso. Pero sí amigas, el karma es sabio. Y de hecho eso fue lo que le transmití a Raúl con la mirada cuando le dije lo de:
- Mira el lado bueno: AL FINAL LE HEMOS JODIDO EL COCHE.

Capítulo Ocho: DIARIO DE...

Vale, aclaremos.

Este verano, en una de esas muchas fiestas que acabaron conmigo tirado en la acera, Hugo de rodillas en el baño y Raúl bebiéndose hasta el agua de la condensación que caía de los conductos del aire acondicionado conocimos, en Arena (¡dónde sino!) a una chusma muy chusma. Chusma-quete-mueres. Que, por otro lodo, es lo esperable si vas a lo que nosotros conocemos como “El Antro”.

Total, que entre toda esta chusma-quete-mueres había un camarero que ya debía estar ahí cuando el local era una sede de la Falange en el 47, que se encaprichó con Raúl. Hugo y yo intentábamos por todos los medios que el contacto entre Raúl e Imhotep (como le bauticé yo, que soy el cinéfilo del grupo) fuera el mínimo posible sino inexistente, pero Raúl siempre ha tenido esa capacidad innata para acercarse y tocar lo que no debe. No puede no tocar. Es como cuando de pequeños fuimos de excursión con el colegio al Museo de la Ciencia (sí, Raúl y yo fuimos juntos al cole) y él se puso a tocar todos los botones que encontraba. Hasta que tocó uno que resultó ser una alarma de invencidos y se lío una que aquello parecía una escena eliminada de El Coloso en Llamas.

Total que, no sabemos cómo, Raúl se nos escapó… Bueno, sí que sabemos cómo: ya os digo que rara era la noche que Hugo no acababa con la boca llena y yo en la calle, en la pista o en casa de algún desconocido hablando sin parar (es lo que tengo, que no me callo ni sobrio ni ebrio). Pues en uno de estos despistes Raúl acabó en la barra de Imhotep y éste, después de invitarle a una copa y acariciarle un poco la cara (un escalofrío recorre mi cuerpo mientras escribo eso) le ofreció irse a la cama con él.
Raúl, según cuenta, soltó una carcajada tan sonora que casi mata del susto a las cuatro maricas con lentillaCAS (porque hoy en día las maricas no se ponen lentillas, se ponen unos plásticos en los ojos que te servirían para bajar el Yang-Tsé haciendo rafting con toda tu familia navegando en ellas). Ante esa poco disimulada negativa, Imhotep tiró de lo único que a Raúl le hace perder los papeles. No, no le dio entradas para el “Adagio Tour” de la Naranjo. Le ofreció quinientos euros si se montaba un trío con él y con su novio.

Nosotros, en nuestra inmensa sabiduría, dimos por hecho que el novio de Imhotep era un escarabajo gigante que había encontrado en una de sus múltiples reencarnaciones en Egipto, al que mantenía con vida en casa a base de ofrecerle carne fresca de jóvenes incautos que aceptaban dinero a cambio de sexo.

No me preguntéis por qué, pero Raúl se lo creyó.

Otra de las muchas personas que conocimos este verano fue a Jesús Vázquez. Cuidado. NO ESTOY HABLANDO DEL PRESENTADOR. Resulta que un día entramos a El Antro inusualmente pronto y en el centro de la desierta pista había un chulazo de casi dos metros que parecía un clon de Jesús Vázquez (ahora sí que me refiero al presentador). Guapo, facciones marcadas, pelo corto, barba de tres días y una camisa hortera. Pero hortera que te cagas de lo hortera que era.

Hugo, que sea la hora que sea es pisar el Antro y ya está borracho como una cuba (debe ser el desinfectante del baño, que le afecta) se lanzó a por él como una loba en celo (con sus tacones de aguja magnética incluidos) y se llevó un chascazo al comprobar que el maromo tenía novio.

- Como Jesús Vázquez –dije yo. Y así se quedó con ese nombre.

Volvamos a la cafetería del Corte Inglés. Yo acabo de contar que mi ex, Alberto, se va a casar con una mujer. Pero la noticia que ha tumbado mi vida se ha visto eclipsada por la revelación de Raúl.
Finalmente aceptó el dinero de Imhotep para acostarse con él y con su novio y descubrió, con mucha sorpresa, que el novio de Imhotep era el susodicho maromo buenorro bautizado por nosotros tres como Jesús Vázquez.

Si lo pongo una vez más seguro que acabo saliendo en Google.

- Pero ¿qué me estás contando? –exclamó Hugo. Esto va justo después del final del capítulo anterior, por si te has perdido con el Flashback que me acabo de marcar.
- Pues eso tía. Que la momia está con el maromazo. Me contaron que llevan ocho años juntos y que están planeando casarse pero lo tienen súper chungo.
- Claro, aún no es legal casarse con seres no-muertos –digo yo.
- No nena –me interrumpe Raúl-. Lo tienen súper chungo porque resulta que el maromo necesita divorciarse y su exmujer no le quiere firmar los papeles.
- No jodas que Jesús Vázquez está casado con una mujer –dijo Hugo.
- Tía –dije yo-. Deja de decir ese nombre que aún nos buscaremos un marrón de copyrights cuando publique esto en el blog.
- De eso hablamos otro día –me contesta-. Porque si te vas a dedicar a publicar en Internet todo lo que hacemos… mal vamos.
- Eso –dice Raúl-. Que a mí tampoco me hace gracia ver mi intimidad ahí dispersa a los cuatro vientos.
- ¿Pero qué coño dices, Mila Ximénez? Si tú tienes la misma intimidad que una actriz porno en el festival erótico nena. Que toda Barcelona te conoce y sabe al dedillo todo lo que haces.
- Menos lo que os estoy contando –dice Raúl, muy seriamente.
- Hasta que lo publique –dije yo.
- ¡Y dale! –grita Hugo.
- A ver –digo yo-. En una de las reuniones de las HijadeBitch de este verano decidimos que teníamos que llevar un diario de lo que íbamos haciendo y coincidimos que lo mejor era publicarlo todo para que así si alguna otra marica se encontraba en nuestra situación supiera qué hacer. ¿Es o no es verdad?
- Sí… bueno… -dijeron los dos.
- Pues ya está. Si tú ahora, Raúl, decides ser puta, pues se publica. Porque tú imagínate que algún otro gay de Barcelona es tentado por el poderoso bolsillo de Imhotep. Pues digo yo que querrá saber qué tal calza el hombre ¿no?
- Si es que a eso se le puede llamar “hombre” –dice Hugo.
- Hombre no, nena –dice Raúl-. SÚPER hombre.

Hugo y yo nos miramos asombrados.

- Veinticuatro centímetros, nena.
- Pero eso ¿quién? ¿Imhotep o el maromazo? –pregunté yo.
- LOS DOS.
- ¿Me estás diciendo que entre los dos sumaban casi 50 centímetros de rabo? –dijo Hugo, muy pudoroso él, como siempre.

Raúl asentía con la cabeza mientras se llevaba una mano al pecho y con la otra sorbía un poco del agua que aún quedaba en su vaso.

- Te juro tía –dijo tras tragar-. Que hubo un momento que sentí que las dos se tocaban a la altura de los pulmones.
- JAJAJAJAJAJAJA –me dio un ataque de risa.
- ¡Neeeeena! –gritó Hugo-. ¡Que te ensartaron como a la de Holocausto Caníbal!
- JAAAAAAAAJAJAJAJAJAJA –mi ataque de risa y yo: inseparables.
- Disculpen, si no les importa… están molestando al resto de comensales y les agradecería que, dado que sólo han consumido un botellín de agua, se marcharan del local.

Esto, obviamente, no lo dijo ninguno de nosotros. Nos lo decía un señor trajeado, engominado y muy educado que se había acercado a nosotros. A estas alturas de la vida me han echado de tantos sitios tantas veces (y en situaciones en las que he agradecido no tener sentido del ridículo) como para ponerme a discutir porque me echen de la cafetería de El Corte Inglés. Al levantarnos de la mesa vimos que las tres mujeres que había a nuestra derecha nos miraban entre el terror y el escándalo.

Tú imagínate que eres Ana Botella y entras al despacho de Rajoy sin avisar y te lo encuentras vestido de cuero y con un becario pegándole latigazos en la espalda. ¿Visualizas la cara que se te quedaría? Pues ÉSA es la cara que tenían estas mujeres.

Raúl se les acercó, agachó la cabeza junto a ellas y les dijo:
- Tienen que probarlo señora. Una por delante y otra por detrás. Es… -hizo un gesto, como el que prueba un chocolate exquisito-. Mano de santo. ¡Y vosotras tenéis otro agujero! ¡Imagínate nena! –me grita a mí-. ¡¡TRES POLLAS A LA VEZ!!

A mí a estas alturas de la función me duele la mandíbula de reírme. Hugo no sabe dónde meterse (porque cuando no está borracho es muy pudoroso) y Raúl se va indignado. Pero no porque le echen, sino porque nadie le ha aplaudido.

Al final no nos echan de la cafetería. Nos echan del edificio. Y ahí estamos nosotras, en Portal de l’Àngel, esperando a que en cualquier momento venga un cámara de CALLEJEROS a preguntarnos por la prostitución en nuestra ciudad.
Comenzamos a caminar hacia la plaza de la Catedral, que Raúl ha dejado allí aparcado el coche.

- Nenas –dijo Hugo-. Que yo también tenía algo que contaros pero claro. Entre lo de tú ex –me señala-. Y lo de tu nueva profesión de tragasables en el Circo del sol…

A mí me da otra vez la risa.

- Pues no he podido. Pero bueno, que tampoco es tan importante ¿eh? Que si eso ya os lo cuento en otro momento–termina Hugo.
- Ah no, no, no, no. Cuéntanos, ¿qué te ha pasado, corazón? –pregunta Raúl, aún con su faceta de Showman encima.
- Pues… que me he follado a Mario.

Raúl y yo nos paramos en seco mientras Hugo sigue caminando como si nada. A mí se me ha cortado la risa de golpe y Raúl ha transmutado de Showman a PsychoKiller en treinta segundos. Me sé de uno que en el próximo capítulo va a recibir una soberana patada en el culo.